sábado, 21 de septiembre de 2013

0902

Cambiar las ganas por la por la esperanza, la esperanza por la decepción y la decepción por costumbre.
No mirar el lado malo y aún así encontrarlo, detalles que han cambiado por desagrados. Sombras que te recuerdan lo que un día fue y hoy ya no es.
Hacerte dueño sin darte cuenta y si percatarte de que no proporciona felicidad. La excepción que rompía la regla, ahora es la regla que rompe la excepción y la desilusión asomando por la muralla que se ha convertido en escalón. Más cerca cada vez y tú no sientes nada, solo lo que sentías al principio con una mezcla de añoranza. Los miedos vuelven más fuertes que nunca y nunca ya no existe para ti. El siempre se nos hizo largo para las promesas, ellas no quisieron cumplirse o fue nuestro subconsciente quien las interrumpió.
Las palabras ya no te sirven y son mi único apoyo, las únicas que se vuelven mejores con los años, como buen vino que catas y te embriaga, como tu olor.
Sintiendo lástima por ti misma no se consigue nada y, no se consigue menos por dar una segunda oportunidad, haciéndote pensar que si el número de ellas pasa de las dos cifras se llama perder o ganar...
La soledad ataca sin dudar donde dañar. 

Y es que no hay duda que más duela que la de vivir, o aguantar.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Pequeña filósofa de bar.

22:08. 
Buena hora, o no, para un día de diario. 
Está sonando esa canción, no suena muy alta, pero es increíble como sin necesidad de volumen puede transmitir tantas cosas. 
Me siento bien poco más que con la cerveza que estoy tomando y esos acordes, siento que todo va bien... Pero que podría ir mejor.
La puerta que tengo a mi lado izquierdo da hacia la calle, pero ahora abierta, da hacia una pequeña sonrisa que, no expresa mucho, pero sé que esconde demasiado.
Entras, te vas acercando y justo cuando estás a mi lado, tuerces, te acercas a la barra, alzas la mano y pides... 
Ya no le doy importancia a tus gestos, solo a esos que no dejas que te salgan. ¿Y si yo misma hago que los saques? Porqué no.

- Heineken sabe mejor. 
- ¿Perdona?
- Digo que heineken sabe mejor. Hay muchas cosas en este mundo que saben mejor, sientan mejor y hacen sentir mejor de las que creemos saber.
- Vaya, no pensaba que un miércoles, una pequeña filósofa de bar, pudiera hacerme cambiar de opinión. Si es tan amable, ¿me deja probar de la suya?

Y sin pensarlo dos veces, le doy a probar de la mía, de la poca que me queda en los labios, volviendo a sentir, lo que nunca había llegado a dejar de sentir por completo. Y noto tu mano, tan escurridiza como siempre, noto que en cualquier momento va a ocurrir lo tan predecible, lo que pasa cada vez que nos vemos. Siento que volvemos a devorarnos a bocaitos el corazón y que nada ha cambiado. 
Exhalo el olor de tu deseo y, tras varias miradas, estoy segura de que nadie puede con esto.
Me separo y te miro, me desgarras una sonrisa de las que tanto te gustan y volvemos a la carga. 
Nada nos importa, salimos por la puerta y ahora somos nosotros los que bailamos bajo la luna. 
Volvemos a aquel parque, justo a ese mismo banco. Percibo lo mismo que la primera vez, hace justo dos años y, no sé si te lo habré transmitido, o si será cosa de las estrellas, o del primer amor... pero, sé que sientes lo mismo que yo, y tú también lo sabes, aunque siempre te ha gustado más esconderlo bajo esa faceta de hombre serio. Esa que tanto me gusta.
Sabemos que es mutuo, sabemos que seguimos siendo nosotros y, ay... como me gusta experimentarlo.

Nosotros. Suena bien, ¿eh?. Siempre nos había bastado con eso, ¿por qué ahora no?.