Mi corazón ya no me habla, dice que ya no aguanta más. Que él me lo advirtió, como todas las demás veces y como en todas, le ignoré. Dice que está harto de tiritas, que no se puede así curar, me dice que nunca le hago caso y yo le digo que ya, que lo sé, pero que siempre me dejo llevar. Él me contesta que no será porque no me avisó, que mira que me lo dijo, que no sabía si podría aguantar más daño y, aún así, con todo el egoísmo decidí arriesgarme otra vez. Y vaya si lo hice, desde luego que me arriesgué, pero para volver a perder.
Perdí, como de costumbre. Perdí, por quererte más que a mi misma.
Ahora intento que me perdone, le digo que no puedo estar bien si él no lo está, pero ya no me contesta, solo hace sus funciones de corazón, actuando simplemente como un músculo, sin intervenir en nada más.
Y todo va mal, desde entonces peso menos, mis ilusiones me dejaron una nota en la que ponía: "nos ausentamos por daño moral". Me faltan muchas cosas, pero nada material.
¿Sabéis esa sensación de cuando "algo" que nunca habías notado que estaba dentro tuya, en estas situaciones, cae hasta tus pies, arrastrando todo lo que pilla a su paso? Notas como te duele al caer, como te desgarra por dentro. Es un dolor inexplicable, no se le asemeja a ningún otro que yo haya sentido y, lo peor de todo, es que no deja marcas físicas para poder demostrarlo, solo lo notas tú y tienes tú constancia de él.
Solo espero que algún día me perdone -que sé que lo hará-, prometo no volver a hacerte daño -ni hacérmelo a mi más- pues hay daños, que nunca se curan, solo aprendes a vivir con ellos.